domingo, 3 de junio de 2018

Suficiente


Hace tiempo que perdimos la ilusión por vivir. Es triste, pero es la realidad. Se han encargado de que vivamos sumidos en una apatía constante, en una falta de iniciativa que les permite dictar nuestra existencia.
No sabemos lo que ocurre en nuestra ciudad, no sabemos lo que ocurre en nuestro país y, desde luego, no sabemos lo que ocurre en el mundo. Aún así tenemos la osadía de pretender enseñar cómo funciona. En la era con el mayor acceso a información de la historia estamos más desinformados que nunca. No aprovechamos las herramientas. Leemos una frase, vemos un vídeo o una imagen que parece que va a iluminarnos y cambiar nuestra forma de pensar y vivir en las redes sociales y la olvidamos al minuto.
El Sistema Educativo se encarga de mantener todo atado. Funciona como una empresa, estando sus acciones enfocadas al beneficio de un estado siervo de las élites económicas. Un sistema que tacha de inadaptados a aquellos y aquellas cuyas necesidades no es capaz de responder. Formamos personas que representan un número más, egoístas y centradas en el statu quo; incapacitadas para ver más allá de lo que se les da masticado.
Funcionamos a base de violencia. Nuestro mundo no va a cambiar hasta que no nos matemos entre nosotros. Parece que necesitamos mártires para provocar cambios reales. Si de verdad hubiese una rebelión, habría más gente grabando con sus teléfonos móviles que haciendo la revolución en sí.
Vivimos adormecidos en una ilusión de comodidad. Rodeados de una serie de parches económicos, sociales y tecnológicos que nos mantienen a unos cuantos pasos de quemarlo todo. El estado del bienestar es un delirio otorgado por nuestros gobernantes muy lentamente a sus ciudadanos y ciudadanas, exprimiéndose gota a gota y vendiéndonos como un lujo lo que nos pertenece por derecho.
Hay gente que afirma que nuestra comida lleva todo tipo de sustancias secretas encargadas de adormecernos. Evidentemente no es así, pues no necesitan tal artimaña para controlar el mundo, ya lo tienen bien montado.
Ya basta de dejarse controlar por los mismos de siempre. Ya basta que nos digan que hacer, que pensar, como vestir, de quien enamorarte y en qué tienes que creer. Cuando la injusticia es la ley que rige nuestras vidas, rebelarse se convierte en deber.

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