miércoles, 24 de diciembre de 2014

España

El país del nepotismo, la picaresca, la tradición... “La España de charanga y pandereta”, como la definía Machado en 1910. Definición que perfectamente podemos aplicar más de un siglo después.

Recordemos la Restauración: esa maravillosa etapa de nuestra historia a finales del siglo XIX en la que solo existían dos partidos, que se encargaban junto a la monarquía de manipular las elecciones y dominar el panorama político a su antojo. Cuando el gobierno de uno de los conocidos como “partidos dinásticos” sufría desgaste ante la sociedad, se elegía a su contraparte.

¿Acaso no nos encontramos en un panorama similar ahora mismo? PSOE y PP han sido los partidos mayoritarios e indiscutibles de la democracia española. Sin duda, hay que analizar este éxito.

Es obvio que no se trata de la misma situación que la vivida durante la Restauración Borbónica. Sin embargo, en aquella época se utilizaba la influencia de los caciques para la obtención de los votos; ahora nosotros nos hemos convertido en nuestros propios caciques.

El conformismo y el “pan para hoy y hambre para mañana” español han creado un régimen donde han gobernado los mismos demasiado tiempo, lo que nos ha guiado al mismo desgaste político de hace más de un siglo que anteriormente se mencionaba.

Este “gobierno de los mismos” lleno de corrupción en todos sus ámbitos y extensiones ha demostrado su incompetencia: ya sea por la ineptitud de los gobernantes (muy abundante) o su corrupción y visión de la política como un medio para la obtención de beneficio propio y poder, no como una vocación pública y social.

El conformismo de los españoles, quizá motivado por las condiciones históricas, hizo nula la participación ciudadana en la política. Cuando uno de los dos partidos comenzaba su desgaste, la gente votaba a su contraparte. Mientras, ambos continuaban con sus discusiones de “y tú más” en el Congreso.

Esto plantea a la sociedad española como a una sin interés alguno por la política, sin personas con una ideología definida:

"El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa en los acontecimientos políticos. No sabe que el coste de la vida, el precio de las alubias, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas.El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales".

Y así es, España se encuentra entre la espada y la pared, acorralada por las élites económicas y un sistema político que cae por su propio peso de una manera lenta y dolorosa.

“Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” se oía a diario. De alguna manera tenían que descargar toda la culpa de sus errores a los ciudadanos. Los bancos han actuado a placer concediendo créditos imposibles tanto para deudor como acreedor, acabando en el abismo de la economía: abismo del que han tenido que ser rescatados por los gobiernos a base de ayudas provenientes de la Unión Europea y posterior aumento de la presión fiscal (alguien tiene que pagar los platos rotos), que como siempre, afecta en mayor medida a las clases mas desfavorecidas ahogadas ante tales gastos.

Las entidades que han sido sacadas a flote con el dinero del pueblo; se dedican a desahuciar a los que, al fin y al cabo, a los que fueron sus salvadores. Ahora hay que rescatar personas, en lugar de bancos, que cuidan de una familia con una prestación por desempleo bastante inferior al salario mínimo interprofesional mientras que viven diariamente con la incertidumbre de si se efectuará una orden de lanzamiento que les deje en la calle.

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